26/02/2019

Igor Gayarre, el arte como terapia

Hoy inauguramos una nueva sección en nuestro blog: Valor digital. En este nuevo apartado, nos desligamos del mundo del marketing y la publicidad para centrarnos en el trabajo de diferentes personalidades y empresas que nos inspiran porque poseen en su trabajo los principales valores de 67PULSACIONES: creatividad, calidad, humanidad y compromiso.

Músico, artista plástico, fotógrafo, escritor, Licenciado en Derecho y miembro por oposición del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Una mezcla peculiar para un artista con gran personalidad: Igor Gayarre.

En el año 2011, Gayarre sufrió un accidente muy grave por el que se fracturó la pelvis. Esta ruptura por la mitad física le llevó a una ruptura interna: conectarse con más intensidad con sus facetas artísticas, desarrollando diversas obras con un leit motiv común: el arte como terapia.

En el ámbito de la pintura fotografía, realizó “Radiografías de la iMaginación”, una serie de retratos que componían una experiencia para el usuario y que fueron expuestos en el barrio de las Letras en abril de 2011.

Dentro de las artes plásticas, también ha realizado la obra “Arte Biográfico”, un modo de aplicar las técnicas artísticas dentro de la propia vida. 

En su faceta musical, lleva a cabo el proyecto “La Senda de las Cuerdas” en el que utiliza la guitarra española como instrumento de meditación, primando la improvisación sobre el repertorio, la emoción y las propiedades sanadoras de la guitarra.

Actualmente, Igor Gayarre se encuentra inmerso en difundir su obra, darla a conocer y compartirla, lo que implica acciones creativas desde otros planos. Además, se encuentra en el proceso de escritura de  “La senda de los cuerdos”, un nuevo proyecto dentro de su terapia de arte que completa lo anterior.

De todo esto y de mucho más nos ha hablado en la entrevista que le realizamos y que podéis leer a continuación:

  • ¿Cuál es la motivación que te impulsa a ser un  artista tan polifacético?

Sin duda alguna, el amor al estudio, la curiosidad, concebir el aprendizaje como la gran recompensa de la vida, lo que ofrece asombro y aprovechamiento del tiempo.

  •  ¿Cuál consideras qué es tu mejor forma de expresión?

Según el momento será una u otra, pero la óptima será la que más reconforte a emisor y receptor.

De todos modos, las categorías comparativas no me interesan, tengo incapacidad congénita de procesarlas.

  • ¿Con cuál de tus expresiones artísticas te sientes más identificado?

Con ninguna verdaderamente, la expresión artística me sirve para llevar a cabo un proceso de desidentificación y trascendencia de mis concretas circunstancias, para diluirme en un lugar que concita el hallazgo. La que me permite ser más libre es la música, con lo escrito y lo visual tengo mis íntimos reparos y contradicciones.

  • ¿Querrías crear alguna obra que pudiera unir las diferentes expresiones artísticas que practicas?

No está en mis planes como tal, pues en tanto que nacen de mi, están irremediablemente unidas. La aparente diáspora o dispersión de elementos suele obedecer a la falta de detenimiento en el análisis de algo.

  • Nos has comentado que fue tu accidente el que te impulsó tu faceta más artística, pero ¿desde el principio pensaste unir tu arte con los procesos terapéuticos?

El accidente más que un impulso lo que supuso fue un ejercicio práctico. Cuando tras meses en una cama inmovilizado, me dieron el alta, tuve un periodo de silla de ruedas que aproveché para empezar una obra que me ha llevado varios años. Pero en realidad hago “arte” desde muy pequeño, la verdad y siempre ha sido para mi una herramienta de supervivencia, algo esencial en mi, más que un propósito, una ayuda para existir. No es mi voluntad hacer arte, es que no sé no hacerlo.

Así que de algún modo siempre ha sido una terapia; parece que el sustantivo “terapéutico” proviene del griego, de un término muy antiguo “therapon” que Homero empleó para referirse al compañero de un guerrero que le ayuda. Así que mi “yo” guerrero ha sido auxiliado por mis dones artísticos.

Como recuerda Ovidio en su “ars amandi” “la lira calmaba el corazón del fiero Aquiles”.

  • ¿Cómo funciona la técnica del “Arte Biográfico”? ¿Realizaste dicha labor plástica como un proceso de arteterapia propio o con más personas?

Arte Biográfico supone reflexionar sobre la propia realidad aprovechando las técnicas artísticas. Es una invitación a que artistas y público hagan de lo real y diario, un objeto de Arte. Ayuda a ver las dimensiones de algo.

La primera obra de arte biográfico la llevé a cabo con mi madre, siendo joven, era el cumpleaños de mi abuelo, a quien quería muchísimo pues tuve la suerte de criarme con él. Poco antes de ese último cumpleaños había estado enfermo y algo hacía intuir que tal vez fuera esa la última ve que soplara las velas. Por aquel entonces, teníamos suficientes problemas económicos como para no poder comprar nada, así que decidimos crear algo. Y decidimos hacer un collage conceptual sobre lo que había sido su vida, recopilando fotos de su vida, y su familia. Caligrafié su fecha de nacimiento y la de aquel cumpleaños. Algo sencillo. Cuando lo vio, mi abuelo me dijo mientras lo miraba “me ha gustado mucho” “es un magnífico regalo” y le sentí en paz, reconfortado y emocionado.

Cualquier labor plástica es sanadora, en cuanto que ocupa energía, tiempo y espacio de un modo pacífico y liberador al mismo tiempo. Desde la mancha y la escritura hasta el más minucioso manierismo. Animo a hacer la prueba de realizar un cuaderno biográfico o invertir ese tiempo en ser lobotomizado por la pantalla. Y luego sincerarse con uno mismo. Creo que es difícil que alguien llegue a encontrarse mal después de haber realizado una reflexión con arte sobre su vida.

  • ¿Puedes hablarnos un poco más de “La senda de los cuerdos”? ¿También une la escritura y los procesos de sanación?

Pues no lo sé muy bien, “La senda de los cuerdos” es una investigación sobre la locura y la cordura, al ser escrito hay más “seso”. Es mi discurso más racional y científico. Pero aún estoy trabajando en ello, llevo varios años, casi diez de trabajo, y aún percibo como incierto el tiempo que puede llevarme…

Lo cierto es que me da reparo utilizar el término sanación porque está bastante manoseado, y alejado de un significado profundo. El arte sirve para dejar constancia, es un testigo con una narrativa que tiene bastante de sanadora, pero por el sentido etimológico de “sanar” que se relaciona con dos palabras sánscritas que hacen referencia a “lugar seguro” y “liberación”. Y desde ese punto, aparece por encima de cualquier técnica artística, como camino de sanación más poderoso, el amor al prójimo y a uno mismo.

Una vez me dijo una psiquiatra que ella no podía recetar escuchar música. “Pues es una lástima” le dije “el día que la ciencia verifique (ya lo ha hecho) un poco más los enormes beneficios que la música tiene a nivel celular y de salud del organismo, quizá se empiece a recetar música o hábitos y menos drogas”. “Pues demuéstralo tú” me dijo. “En ello estoy” le respondí.

Y en ello estoy y soy.